Colin Montgomerie pierde 15 kilos, pero no es para jugar mejor

Diciembre de 2000 - "Hay que mirarle dos veces para reconocerle. No parece el mismo hombre" dice su mujer, Eimear.

Colin ha perdido en tan solo dos meses cerca de 15 kilos de peso. Y parece que su régimen aún no ha terminado.

Monty estaba cansado de su oronda figura y se puso en manos de un endocrino. "Encontró la forma para que dejar de comer grasas y de beber cerveza no fuera algo insuperable o desagradable".

Al mismo tiempo, Colin se ha prodigado por el gimnasio, donde realiza largas series de ejercicios.

Montgomerie tiene 37 años, mide 1,85 metros y su peso medio era de 95 kilos.

"Sí, era un golfista gordo y ahora soy un golfista flaco. No es para tanto".

Y la verdad es que no le hacía falta dejar de comer asados de carne con gelatina y de engullir pintas para llamar a la puerta del triunfo. Desde 1993 y hasta 1999 ha sido, de largo, el golfista de su continente que más títulos ha ganado y el que más dinero ha logrado en premios. Lo tenía todo, incluida la admiración de Eimear por su esposo.

El último domingo de noviembre, en Indio (California), lo que menos sorprendió en la entrega de premios no fue que él fuese el que recogiera la copa de ganador del Skins Game (venció a Fred Couples en el tercer hoyo del desempate), sino sus pantalones llenos de aire, su cara afilada y su cabellera, que, a raíz de su acelerada rebaja de peso, ha perdido los rizos.

El caso de Montgomerie es el último de algunos de los más conocidos, como el que periódicamente protagonizaba Diego Armando Maradona cada vez que se acercaba a una gran cita futbolística (especialmente en el Mundial de Estados Unidos).

Jan Ullrich, el ciclista alemán campeón del Tour de Francia de 1997, se sometía a un proceso de adelgazamiento voraz en los meses previos al comienzo de la temporada. Después se abandonaba de manera llamativa y se ponía hasta 10 kilos por encima de su peso ideal. Algo similar, sin tanta exageración, le ocurría al español Miguel Indurain, pentacampeón del Tour.

En el caso de Montgomerie, su gordura nunca fue un obstáculo para alcanzar y permanecer en la cima. "Yo no lo he hecho para mejorar mi rendimiento", apunta Monty.

Los que le conocen bien no dudan de esas palabras y entienden que se trata de una decisión muy personal, nada que ver con la profesional. Pero para todos parece claro que si lo que buscaba el escocés era perder peso por un motivo meramente estético, su éxito en la lucha contra las calorías le puede servir para sentirse mucho mejor con él mismo.

Tan sorprendente como el de Montgomerie, aunque menos popular por razones de palmarés, ha sido esta temporada el éxito del régimen alimenticio al que se está sometiendo uno de los golfistas ingleses que invaden la mitad de la tabla, Russell Claydon. Profesional desde 1989, a sus 35 años soportaba una envergadura de 1,88 metros y más de 100 kilos de peso. Jamás le fue mal y todos los años hasta la pasada temporada se embolsaba una media de 150.000 libras (unos 40 millones de pesetas). Es más, en 1997 y 1998 dobló esa cifra.

Hace unos meses, Claydon fue a cenar con su compatriota y amigo en el circuito Mark Roe (1,83 metros y 73 kilos). Mientras éste deliberaba con el camarero si los espaguetis debían tener más o menos carne, Claydon había decidido pedir una ensalada. Su dieta ya estaba en marcha. El pasado noviembre, tras una extraordinaria primera vuelta en Valderrama, le preguntaron si esos pocos kilos de menos apenas habían tenido que ver. "En absoluto. Hace años que mi juego de tee a green se estaba deteriorando, pero no mi juego corto. Adelgazo porque me apetece hacerlo, no por mejorar mi golf. Me siento más motivado, simplemente eso", pareció ofenderse.

Tanto Montgomerie como Claydon parecen firmes en mantener esa idea, aunque Monty, en aquel mismo torneo de Valderrama, no pudo evitar una confesión: "Sí es cierto que me siento más ligero y que puedo girar la cintura mucho más rápido que antes".


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