VICENTE FERNANDEZ


Hola Queridos golfistas.

Hace muchos años que sigo a los profesionales del golf Argentino, pero me sorprendió especialmente uno que estaba limitado físicamente.

Estoy convencido que la vida te lleva no por donde quieres sino por donde puedes y en ese andar te da solo lo que mereces. Prueba de ello es quien por su enorme fuerza de voluntad, alcanzó metas y honores reservados a deportistas privilegiados por su cuerpo valentía y dedicación.

Vicente Fernández uno de los grandes golfistas argentinos se expresaba recientemente en estos términos: "El golf es como la vida. Te coloca frente a muchos desafíos, y nunca terminas de aprender; te pone frente a vos mismo. Cada golpe es una incertidumbre total, a pesar que siempre intentas lo mejor. Y agregaba, con la experiencia que dan mas de 50 años sobre los links de golf. Párese sobre el tee de salida del hoyo 1. Ejecute el primer golpe y vea dónde cae la pelota. Entonces, ya se habrá entregado a la inmensidad de un campo, que le presentará constantes retos." Y agrega ¿Quieres conocer a alguien? Invítalo a jugar al golf. En una vuelta de 18 hoyos te vas a dar cuenta qué clase de persona es. Porque la forma de su juego es un reflejo de su personalidad. Por naturaleza, el ser humano tiene un ego muy grande, y la autodisciplina que adquieres con este deporte, te ubica en el lugar que te corresponde. El problema es que a nadie le gusta que le pongan el ego en su verdadero lugar".

Vicente se crió en medio del campo, a 25 kilómetros de la capital correntina. Su padre, Andrés, tuvo un accidente a los 40 años: fue aplastado por un caballo, sufrió siete fracturas y los médicos le aconsejaron que dejara el cuidado de la estancia donde trabajaba, porque las tareas lo exigían mucho físicamente. Así, los Fernández se trasladaron a Buenos Aires, a una zona de casas quintas en Don
Torcuato. Allí, hasta los 9 años, el “Chino” fue repartidor de carne, verdura y pan. Antonio, uno de sus siete hermanos, lo llevó a que se probara como caddie en el Hindú Club, cercano a su casa.

"A mí, en realidad, lo que me gustaba de alma y me sigue encantando es el fútbol. Yo tenía prohibido jugar de chico porque nací con una parálisis en la pierna derecha. Era muy peligroso que anduviera detrás de una pelota porque no tengo gemelos ( músculos en la parte posterior de la pierna) y como era diestro, en cualquier cruce me podían quebrar. A partir de los seis años, cuando me sacaron las botas ortopédicas, jugué en varias ocasiones a escondidas de mis padres. Alguna vez me descubrieron y me pegaron una paliza".

"Se ve que en el golf volqué todo lo que sentía por el fútbol. Entonces empecé a practicarlo siendo caddie y me encantó. Luego vi la posibilidad de hacerme profesional, porque me seguía gustando, aunque en ese momento no imaginaba que podía ser mi medio de vida".

A los 15 años ganó el Nacional de Caddies, en Migueletes; un año después, lo invitaron al primer torneo de profesionales. "Llegó el momento de tomar una decisión, que fue cuando me dieron permiso en el club para jugar dos veces más en la semana. Hindú apostó por mí y me nombró «aspirante a profesional. Así, mis ingresos económicos como caddie desaparecieron. Surgieron los gastos, porque empecé a dedicarme a fondo tres días a la semana y me dieron permiso para jugar con algún socio los sábados y domingos".

Eran tiempos en los que sólo los aventureros como Roberto de Vicenzo, Fidel de Luca y Leopoldo Ruiz participaban en los circuitos internacionales.
La suerte lo acompaño. Ángel Campos, a quien había acompañado como caddie en el circuito profesional, le dijo a mis padres que se haría cargo de mis gastos y que me permitieran seguir dos años más en el golf.

En una cena, mi mamá dijo: «Nosotros nunca le pusimos precio a ningún hijo para que se quede con nosotros y trabaje. Semejante respaldo afectivo fue fundamental para que tuviera mis primeros resultados positivos como profesional" .

Primero llegaron los viajes al interior para participar en los certámenes nacionales. Luego, las experiencias por el Viejo Continente y los Estados Unidos. Vaya casualidad: el primer torneo lo ganó a los 21 años, en Tucumán, el 15 de julio de 1967, el mismo día en que De Vicenzo concretó la hazaña del Abierto Británico. "Con el golf conocí otros países, otras culturas, otras costumbres. Me impactó  el Vaticano, me pareció algo muy, muy especial; de no haber sido por este deporte, jamás lo habría visitado", me permitió convivir con personas que piensan distinto. Me quedó un poquito de todo: algunas me parecieron increíbles y otras me decepcionaron terriblemente" .

Compartí con Jeques, políticos, actores, empresarios, reyes y deportistas famosos. Con todos ellos pasé muchas horas de golf en exhibiciones y clínicas. "Ahí me di cuenta de lo poco importante que es, que a uno le vaya bien en su carrera. El éxito puede llevar a que uno se agrande y se lo crea. Por el tipo de deporte que es el golf, te la podés creer en algún momento, pero te pone en tu lugar más rápido de lo que piensas".

Progresó siempre luchando con sus limitaciones y dando handicap en cada torneo
Le faltaban dos músculos en su pierna, que es como decir que jugaba con dos palos de menos. Tras el Campeonato de Profesionales de Gran Bretaña, que ganó en 1979, en Saint Andrews, aumentó su cuenta bancaria y su férrea convicción de mantener los pies sobre la tierra.

"¿Cómo evitar agrandarse? Siempre antepuse el ser humano. Deseo que el dinero que embolsé me ayude a ser mejor persona y me impida ser soberbio."
Ser humilde es tan importante en el golf como en la vida.




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