La apariencia.


Hace tiempo en la Facultad de Medicina a la que concurría como alumno, le escuché decir a un profesor: En cada uno de nosotros hay tres personas, la que creemos ser, la que ven los demás y la que realmente somos. Como es una interpretación irreconciliable, optamos por la que más nos satisface, la que creemos ser. A partir de allí ajustamos todo a ese modelo para formar el yo y el incontrolable ego.

Por eso escuchamos en actitud tozuda, Yo soy así y ajustamos conductas y hábitos a esa premisa que se cumple hasta en la cancha de golf.

Viene a cuento una estadística que señala el error mas frecuente de los jugadores: usar menos palo del que necesitan.

¿A qué me refiero?. Usar un hierro 9 en lugar de un hierro 8 o el 5 en lugar de un hierro 3 o una madera 7.

Esta engañosa suficiencia le crea a la gente más problemas de lo que puede imaginar. No pasa desapercibido a los diseñadores de campos de golf que el ego domina a los jugadores y por eso coloca bunkers y trampas delante de los greenes, para atrapar a todos los que no usan suficiente palo.

Desgraciadamente, la mayoría de nosotros tratamos de impresionar a nuestros amigos y compañeros de partida y pretendemos emular a los profesionales, tratando de realizar golpes que no somos capaces de hacer. El resultado es uno, dos, o más golpes demás en nuestra tarjeta, bolas al bunker o en cualquier lado.

Me sorprende luego de caminar muchos años al lado de buenos y malos golfistas, como las emociones y el orgullo desplazan al sentido común. Nos seduce ser admirados, realizar grandes golpes. Envidiamos a cualquiera que sea capaz de golpear un hierro 9 a 130 metros o más. La necesidad de sentirnos especiales y mejores o de compararnos con algún jugador exitoso.

Esto le pasa a más jugadores de los que se podría imaginar. Escucho lamentar a compañeros de juego que han dejado de llegar al green de un par tres, con el hierro 8 teniendo que hacerlo con el 7 o el 6, como si el hoyo se ganara usando cierto tipo de palo y no del número de golpes. Lo que me recuerda una anécdota.

En cierta oportunidad mi amigo Roberto de Vincenzo fue abordado por un jugador de golf de bajo handicap, para solicitarle una contribución monetaria para una obra que estaba realizando. Roberto le dijo: “Te propongo jugar 9 hoyos, vos con todos tus palos y yo con el putt. Si tu ganas te doy el dinero, sino lo ponés vos. El maestro tenia un viejo hierro 2 que dominaba como un mago, por que con el había aprendido a jugar.

Como es de suponer el desafiante no pudo ganar un hoyo. Terminada la contienda Roberto le dijo: Con la plata que me debes pagá la obra que querés realizar.

El objetivo del golf es hacer el menor número de golpes con cualquier palo admitido.

¡La solución para un aparentador es: Juega un palo más del que estás pensando y haz un swing más lento.

Una vez que empieces a usar ésta técnica tus resultados mejorarán rápidamente.




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