Nota del autor

A lo largo de la vida las personas buscan desesperadamente el destino que satisfaga sus anhelos, la dirección donde encausar sus energías, realizar sus sueños.

Algunas encuentran el ansiado valle, donde depositar sus mejores semillas, que riegan con sudor y lágrimas.

Con seguridad que sus frutos serán alentadores.

Otros se conforman con tierras menos fértiles, que requieren mayores esfuerzos y sacrificios y por fin muchos siembran en páramos que no solo demandarán su sangre, sino también el maná del cielo, que calme sus necesidades insatisfechas.

Equivocar la tierra, sudar en vano, sangrar inútilmente.

El destino no surge de la nada, lo creamos eligiendo, deseando, trabajando, sufriendo, quemando las naves.

Pero todo ello no será suficiente si estamos solos.

Alguien tiene que alumbrar la ruta desconocida, que nos permita llegar al predio de nuestras ilusiones.

Permítame brindarle un poco de luz, para que usted vea lo que puede lograr.

Quiero ayudarle a dar los primeros pasos, para que su mente que todavía gatea entre obstáculos insalvables, pueda correr con la destreza de que es capaz.

Lo deseo sinceramente.


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