Dinámica de los pensamientos

Hola queridos golfistas hoy me voy adentrar en las intimidades de la mente como potencia intelectual del alma y responsable de la creación de pensamientos. Ellos motorizan las decisiones que tomamos y a veces nos sorprenden porque a todas luces son irracionales. Entonces surge la pregunta ¿En qué estaba pensando cuando me decidí llevar a cabo semejante determinación?. A partir de esa experiencia fallida nos preguntamos: ¿Se pueden manejar los pensamientos y más aun seleccionarlos?. Tener conciencia o lo que es lo mismo conocer algo nos permite pensar y en ese quehacer nos adentrarnos en una de las más complejas tareas intelectivas. Parece algo sencillo, sin embargo es más difícil de lo que creemos. Para que tenga sustento debe haber curiosidad o interés. Cuando formamos imágenes mentales de las cosas reales o imaginadas estamos construyendo un pensamiento. En él intervienen vivencias, memorias y emociones. Estas, las emociones, proceden de las experiencias e inundan la conciencia participando activamente en las decisiones que vamos a tomar. Los pensamientos también provienen de las expectativas creadas, sobre los resultados que deseamos obtener. Cuando no se cumplen son particularmente nocivas. El que teme un mal golpe de golf, termina haciéndolo y lo atribuye a su incapacidad, sin darse cuenta que es un pensamiento ligado al miedo y alejado de la realidad. Esta fantasía termina siendo aceptada, generando la convicción del fracaso. De allí se pasa a la autocrítica y a la convicción de ser un mal jugador, porque cada vez que falla, piensa en lo malo que es y no podrá mejorar por mas que se lo proponga. Se acepta como cierto lo que no lo es.

Algo similar ocurre cuando nos imponemos una obligación. La necesidad de obtener un resultado crea una presión psicológica adicional al dar prioridad al tiro que se va a realizar, sin tener en cuenta el mal del resultado que se va obteniendo con esta manera de pensar.

Quienes sé auto convencen de su incapacidad, crean un circulo vicioso difícil de superar. “Nunca puedo pasar un corte clasificatorio” o “No puedo tener dos partidos parejos”. La falta de regularidad lleva a que buenos jugadores se convenzan de lo contrario. La reiteración del fracaso los convence de la incapacidad de lograr el objetivo y son la causa de los malos resultados que quieren evitar.

Los pensamientos nacidos de las emociones son difíciles de controlar y el jugador con frecuencia no se da cuenta en lo que esta pensando. El deseo de hacer un birdie o de bajar el par de la cancha, lleva a utilizar emociones en vez de pensamientos. Se instalan imperceptiblemente y son fijadas una tras otra. Finalmente se termina jugando sin control con resultados impredecibles. Desaparece el juego instintivo y automatizado, por que es tanta la adrenalina que se vierte en el torrente sanguíneo que es muy difícil parar y recomenzar.

Finalmente hay que conocer la importancia que tiene él ultimo pensamiento.

Debido a que ocupa el campo focal de nuestra mente es el que cuenta para ejecutar el tiro, Cuando se piensa en un riesgo, como caer al agua, se crea un estado de alarma. Se lo corrige con otro que indique el lugar seguro donde tirar la bola. Si se invierten los términos es decir primero pensar en el lugar seguro y luego no caer al agua, este ultimo será tomado en cuenta e inconscientemente tiraremos la pelota al agua, a pesar que la intención era cumplir con el otro pensamiento.

También existe el riesgo de crear desplazamientos. Obtenido el pensamiento correcto antes de golpear la bola se puede pensar en los errores cometidos, fijando la atención en lo que no deseamos y dejamos de hacer lo que queremos. Se desplazó la atención sin darnos cuenta y perdimos el pensamiento que habíamos escogido. Toda esta problemática exige aprender a pensar ejercitar la concentración y retener el pensamiento valedero. Es una gimnasia mental indispensable para alcanzar un buen desempeño.


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