Los mayores y el golf

 

Un Octogenario, que jugaba al golf casi todos los días, se mudó a otra cuidad y según llegó, lo primero que hizo fue asociarse al campo de golf local. Inmediatamente se dirigió a jugar, pero le decían que nadie podía jugar con él porque todo el mundo estaba ya en el campo de juego. El insistía que quería jugar con alguien.

Finalmente, el Pro del Club le dijo que jugaría con él y que cuántos golpes quería que le diera de ventaja para hacer una apuesta. El hombre de 80 años dijo, "No necesito golpes de ventaja, porque llevo un tiempo jugando bastante bien. El único problema que tengo es salir de los bunkers".

Y realmente jugó muy bien. Ambos llegaban al tee del 18 empatados y al par del campo. El pro puso su drive en calle y con el siguiente golpe se puso en green, con lo que tenía dos putts para el par del hoyo. El anciano también puso el drive en la calle, pero su approach se fue al bunker de al lado del green. Jugó desde el bunker, ¡y golpeó una bola alta que aterrizó en el green y rodó dentro del hoyo!. ¡Birdie, partido y gana la apuesta!.

El Pro se acercó al bunker, donde aún estaba su oponente. Le dijo, "Un bonito golpe, pero creía que había dicho que tenía problemas para salir de los bunkers".

A lo que contestó el Octogenario, "Y los tengo. Por favor, ¿me das la mano?."



Un hombre golpea su bola y la envía al borde de un lago. Cuando llega a recogerla se encuentra una rana sentada encima de ella. Como podía golpear la bola ya que ésta sólo rozaba el agua intentó quitar a la rana de su bola. Al ir a hacerlo la rana dijo: "Bésame y me convertiré en una preciosa mujercita que permanecerá contigo el resto de tu vida".

El hombre puso la rana en su bolsa de golf y golpeó la bola. Cuando iba a hacer su golpe de drive en el siguiente tee escuchó a la rana decir, "Señor creo que no me ha entendido, he dicho que si me besaba me convertiría en una preciosa mujercita que permanecería con usted el resto de su vida".

El hombre se volvió y le dijo a la rana, "Lo siento preciosa, pero a mi edad prefiero una rana que habla".



Un golfista, al terminar su ronda de golf, se da cuenta de que su coche se ha roto y decide volver a casa en autobús. Se sienta al fondo del autobús, con sus bolsillos llenos de bolas de golf, al lado de una ancianita.
La ancianita le miraba fijamente a sus hinchados bolsillos con expresión de duda. Finalmente, después de muchas miradas él la dijo, "Son bolas de golf".
Ella rápidamente le contesto, "¿Y duelen tanto como el codo de tenista?".





Atrás


   © Copyright www.lawebdegolf.com Página Principal|Boletín|Aviso legal|Privacidad|Soporte Técnico|Contacto|Suscríbete